Inspirada en un episodio fundacional de la antigua Roma, esta escultura representa el instante tenso y cargado de dramatismo del Rapto de las Sabinas. Las figuras se entrelazan en una espiral de movimiento, capturando la violencia del gesto y el dilema moral de los personajes. El bronce patinado en tonos verdosos acentúa los volúmenes orgánicos y las texturas rugosas que evocan la crudeza de la acción, pero también la unidad final. Las formas, aunque estilizadas, conservan la fuerza narrativa y simbólica de este suceso legendario.
Esta obra está firmada por el autor y forma parte de una serie numerada. La composición circular invita a una observación continua, revelando nuevas relaciones entre los personajes según el ángulo desde el que se mire. La pieza no solo representa un momento de conflicto, sino también el nacimiento de una nueva sociedad, sintetizando en bronce la tensión entre la guerra y la reconciliación. Se ha expuesto en diversas muestras que exploran la relación entre mitología, historia y forma escultórica.
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