La escultura representa a Aglaé, una de las míticas Tres Gracias, símbolos clásicos de la belleza, la fertilidad y la alegría. Su silueta vertical y compacta reúne formas femeninas estilizadas mediante un tratamiento volumétrico de líneas envolventes y curvas tensas.
El cuerpo se eleva en una postura elegante y contenida, con referencias a la estética helenística reinterpretadas desde una mirada contemporánea. Vicente de Espona combina en esta obra lo simbólico y lo sensual, manteniendo un cuidadoso equilibrio entre la sugerencia anatómica y la abstracción formal.
La obra forma parte de una serie dedicada a las Tres Gracias, en la que cada figura representa una cualidad particular. Aglaé, asociada al esplendor, encarna la luz, la vitalidad y la fuerza estética de la figura femenina.
Ejemplo de la madurez expresiva del autor, la escultura establece un diálogo entre tradición y modernidad, entre la herencia clásica y la búsqueda de lo esencial. Su marcada verticalidad, la armonía de sus volúmenes y la continuidad de sus líneas le confieren una notable presencia espacial.