Inspirada en una leyenda popular andaluza, esta obra representa el dramático pacto de un joven enamorado con el demonio para construir un puente y cruzar el Tajo de Ronda. La técnica a espátula genera una textura áspera y poderosa, que potencia el carácter sobrenatural y trágico de la escena. Formas humanas atrapadas en la piedra, siluetas monstruosas y un paisaje encendido dan forma a una composición cargada de mito, desesperación y condena.
"Existe una tradición popular en que el demonio, en el ejercicio de su profesión y a fin de ganar almas para sus calderas, se transforma en genial artesano de múltiples oficios. En su mayor especialización: los puentes.
En las antiguas casas rondeñas, aún suena la voz cascada de las viejas...
Una noche oscura, un enamorado trata de visitar a su amada al otro lado del Tajo. La tormenta crece, y el río se torna inabarcable.
El diablo aparece, ofrece sus servicios, y el enamorado cede. El pacto se cumple, y el demonio trabaja con frenesí. Pero el alba lo sorprende.
Faltaba una piedra, y en su desesperación, el muchacho se lanza al abismo. En los riscos quedan impresas sus manos, de monstruosa forma.
Los penitentes y seres fantasmagóricos que lo vieron son ahora roca eterna, siluetas rojas aún visibles al resplandor de la obra infernal, aún humeante..."