En El túnel del tiempo (Evolución), el artista explora el concepto del origen mediante una composición en espiral que se adentra en lo más profundo del ciclo evolutivo. La imagen presenta una sucesión de gallinas estilizadas, cuyas formas se repiten en perspectiva descendente, como si fueran absorbidas por un túnel temporal. Esta repetición, rítmica y envolvente, evoca la circularidad del tiempo y la imposibilidad de ubicar un punto de inicio absoluto.
El uso predominante de rojos intensos, junto con amarillos suaves que aportan calidez y contraste, intensifica la sensación de movimiento continuo y energía vital. Las miradas de las aves, dirigidas hacia el espectador o hacia el infinito, parecen contener una pregunta ancestral que aún no encuentra respuesta. La obra desafía los límites