La obra retrata con ironía y cierta ternura una escena cotidiana dentro del folclore popular: una carreta, símbolo de tradición y peregrinaje, sirve aquí de marco para una interacción humana cargada de picardía y complicidad. En la parte inferior, un hombre oculto tras una rueda observa, mientras en la parte superior, una mujer mira desde su posición elevada, ambas figuras enmarcadas por los radios del carro. La composición en tonos rojizos refuerza el calor emocional y la tensión visual del momento.
El artista, fiel a su estilo expresionista, emplea la espátula para acentuar las texturas de los cuerpos y del entorno, generando un efecto vibrante que resalta tanto lo físico como lo simbólico de la escena.
"En este óleo se patentiza lo que todos vivimos de alguna manera en el transcurso de nuestra existencia: el amor en cualquier circunstancia y momento. En esta carreta y en la romería, lo que llama la atención y que el autor pone de manifiesto con su sentido del humor y picardía, fijando nuestra atención en la señora que desde su atalaya está contemplando la escena amorosa.
Original y compensada es la composición."