Escultura conceptual de bronce en la que Vicente de Espona sintetiza la figura de una gallina mediante una gran forma curva, estilizada y depurada. El pico, la cresta y la cola permiten reconocer al animal, mientras el cuerpo se transforma en un volumen abierto de carácter abstracto.
La pieza está concebida para colocarse en tres posiciones diferentes, variando la orientación del pico —baja, media o elevada—. Cada disposición modifica sutilmente su expresión y propone una lectura distinta de la misma forma escultórica.
La posición del pico actúa como un lenguaje simbólico relacionado con diferentes estados anímicos: humildad y recogimiento cuando se orienta hacia abajo, contemplación o espera en una posición intermedia, y afirmación o desafío cuando se eleva.
Esta versatilidad expositiva invita al espectador a participar activamente en la interpretación de la obra. La representación del animal trasciende así su dimensión literal y convierte un motivo cotidiano en una metáfora de la actitud humana.