Esta composición estilizada representa a una gata junto a su cría en una actitud serena y protectora. Las formas curvas y la marcada verticalidad de la figura materna expresan vigilancia, cuidado y cercanía, mientras la presencia del gatito refuerza la ternura de la escena.
La obra combina la sencillez formal con una intensa carga simbólica. Los cuerpos de la madre y la cría se integran en una composición unitaria que evoca protección, compañía y continuidad entre generaciones. Mediante una síntesis de líneas y volúmenes, Vicente de Espona representa la esencia del vínculo materno sin recurrir a detalles innecesarios.