Inspirada en tradiciones mitológicas germánicas, celtas y griegas, esta obra ofrece una interpretación libre de Vicente de Espona sobre la leyenda de la diosa Idún y sus manzanas de la juventud eterna. La escultura presenta un cuerpo femenino esquemático cuyos elementos anatómicos —pechos, caderas y vientre— se sintetizan mediante volúmenes rotundos que evocan fertilidad, vitalidad y origen.
La pieza reposa sobre una estructura que incorpora un medallón en relieve con la representación de unas huellas humanas. Este elemento alude al paso del tiempo, la memoria ancestral y la conexión entre lo divino y lo humano, otorgando al conjunto el carácter simbólico de un altar o una ofrenda mística.
Realizada en aluminio, un material poco habitual en la producción de Vicente de Espona, la obra aborda el imaginario mitológico desde una mirada contemporánea. La alusión a la Atlántida y a la inmortalidad sitúa la pieza dentro de una ficción arqueológica, como si se tratara de un vestigio procedente de una civilización desaparecida.
La unión de la figura femenina, el pedestal y las huellas transforma la composición en una reflexión sobre la eternidad, la juventud y la memoria colectiva.