La obra reinterpreta de forma personal el mito astronómico de Virgo, alejándose de los moldes clásicos para presentar una figura femenina etérea fusionada con el firmamento. La estrella Espiga, punto central de la constelación, se convierte aquí en un símbolo de erotismo y fertilidad, mientras el cuerpo de la virgen se dibuja con transparencias azules que evocan las profundidades del cielo. Se intuyen otras estrellas como La Vendimiadora y la Cabellera de Berenice, que refuerzan esta lectura celeste y sensual.
En la parte inferior izquierda, un crisol parece recoger los destellos cálidos de la "espiga", conectando lo cósmico con lo humano. Esta visión aporta una dimensión íntima y poética a la representación astral, fundiendo erotismo, mitología y contemplación en una imagen cargada de simbolismo y sensibilidad imaginativa.