Crepúsculo retrata un momento de transformación interior y física: el ocaso vital y artístico de una bailarina. A través de una atmósfera cargada de emoción contenida, la obra nos enfrenta a la fugacidad del cuerpo como instrumento expresivo y a la inevitable tensión entre belleza y desgaste. La figura femenina es símbolo de entrega, esfuerzo y disciplina, pero también de vulnerabilidad y límite.
La elección del título sugiere el final de una etapa luminosa, evocando el instante justo antes de desaparecer del escenario. El tratamiento pictórico, propio del lenguaje expresionista del autor, dota a la escena de una cualidad introspectiva y poética, casi como un homenaje visual al arte del movimiento detenido.
"La danza, como toda forma de comunicación y expresión anímica, constituye una necesidad para aquellos seres que la sienten y practican. Alguien, creo, debe haber dicho que el ballet es la expresión poética del movimiento, y como poesía sentida, en temática, es ilimitada, pero limitada sí es en el individuo en tiempo de expresión, pocos años tras largo y dedicado al entreno y al estudio. He querido representar aquí el crepúsculo en la vida de una bailarina de ballet con su anatomía acondicionada y deformante de su feminidad que solo será explotante de belleza y etérea, en el ritmo del movimiento poético y alucinante, casi rayano al éxtasis."