Invierno se representa con una paleta fría, árboles desnudos y dos figuras angulosas que, pese a su rigidez, se acercan en un gesto de abrigo mutuo. Espona personifica esta estación como un tiempo de retiro y aceptación, donde la juventud ha pasado pero persiste el afecto y la gratitud por lo vivido. Para contrarrestar su aparente frialdad, el artista incorpora en la parte inferior un belén: un guiño íntimo, propio de su estilo, que aporta calidez simbólica a la escena.
"Sus colores fríos no privan de ternura; la vida interior se vuelve más intensa, y los cuerpos, aunque ya sin lozanía, se aceptan firmes y agradecidos por haber vivido sus cuatro estaciones."