Esta pintura representa con crudeza y lirismo el esfuerzo humano en el contexto rural. Una figura femenina, en plena acción de segar, ocupa el centro de un campo de trigo dorado. La postura inclinada del cuerpo, casi deformada por la fatiga, expresa tanto el peso físico del trabajo como la resistencia forjada por un entorno árido y extremo.
El paisaje evoca las tierras de Extremadura, donde el ambiente recio se funde con la rudeza de quienes lo habitan. En el fondo, una silueta difusa de arquitectura rural apenas rompe el horizonte. El uso de la espátula, con trazos vibrantes y cargados, intensifica la atmósfera de calor, polvo y trabajo.
"Refleja el paisaje soleado de una siega en tierras extremeñas, con la dureza que el ambiente austero imprime en sus habitantes.
El trigo desborda amarillos, brillantes de sol, fundiéndose con azules pálidos de lejanía.
El personaje central, de postura insólita pero real, marca en su fisiología las deformaciones del ambiente y del trabajo que ejecuta, y cuyo apunte fue tomado de la realidad."