En esta segunda obra de la serie dedicada a los Indios Coroados, Espona centra su mirada en una mujer indígena, retratada durante el acto de la molienda. La escena, íntima y serena, destaca el papel de la mujer en el sostenimiento de la vida cotidiana. A través de la espátula, el artista modela no solo formas sino emociones: dignidad, constancia, conexión con lo esencial.
La figura femenina es representada con respeto y sobriedad, en una composición que combina la fuerza matérica del óleo con una observación profunda del gesto humano. Esta pintura es un homenaje silencioso a la sabiduría práctica y espiritual de los pueblos originarios con los que Espona convivió y de los que guardó memoria afectiva.
"Vicente de Espona, a su llegada o vuelta a España, después de casi 20 años y rememorando a Brasil, ejecutó estos lienzos, óleos a espátula de los indios coroados.
Idílico lugar en el que convivió, a tal punto que no quería volver a la civilización. Tenía todo: aguas puras y transparentes, pesca con arpón y mujeres naturales y sin problemas.
Una vez más se demuestra que en la vida todo no puede ser..."